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10 de Junio de 2012

obispodonramon1. La Iglesia de Jaén siempre se ha distinguido por su cercanía a las personas necesitadas y por su preocupación de apoyar y construir el bien común a través de sus instituciones, sobre todo a través de Cáritas. También en estos primeros años del tercer milenio el Evangelio de Jesucristo, con su misma vitalidad de siempre, continúa impregnando con hechos concretos de amor a nuestra sociedad, con cifras y estadísticas calladas, desde el respeto y apoyo a la dignidad humana. Esta tarea continúa hoy siendo muy urgente y requiere superar visiones egoístas para atender a cuantos más podamos, mejor, sin incurrir en la tentación del desaliento o en discusiones infundadas y tendenciosas.

2. Recordemos las claras palabras del Pontífice actual, Benedicto XVI, en la Encíclica Deus caritas est cuando nos dice que "la Iglesia es la familia de Dios en el mundo” y que, en esta familia, “no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario”. Para la Iglesia, escribe en la misma Carta: “la caridad no es una especie de actividad de asistencia social, que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia” (n. 25). Podemos ver cada día, sobre todo con la ayuda cercana y constante de los medios de comunicación, lo mucho que se sufre, cerca y lejos de nosotros, por no poder cubrir a no pocas personas sus necesidades más elementales para sobrevivir. Ello requiere, con urgencia, una generosa disponibilidad y ayuda por parte de los cristianos en su favor. La Iglesia católica extiende su disponibilidad para colaborar con todas las organizaciones que persigan un verdadero humanismo y reconozcan en la persona la imagen de Dios, pero se caracteriza como algo muy propio, por su respuesta de amor totalmente gratuito que tiene su fuente en el amor mismo que Dios nos tiene. Ello nos impulsa a amar sin límites ni fronteras.

3. El lema de esta día de la caridad es: “Vive sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivir”. Así figura en carteles y en los sobres que Cáritas diocesana pone en nuestras manos en este día grande del Corpus Christi. Como Cristo se entrega por amor en el sacrificio eucarístico, así Dios ama a quien da con alegría. Como Él entrega su vida por todos, sin hacer distinciones, esta es la dimensión que debemos dar también a nuestro amor. En este tiempo, marcado frecuentemente por tendencias fuertes al individualismo, se precisa que los cristianos y quienes no lo son, demos testimonio de solidaridad sin fronteras. Al contemplar y adorar a Jesucristo en la custodia, el creyente comprueba que el
amor existe y que con ese mismo amor las cosas pueden mejorar. Si Jesús transformó el pan y el vino en comunión con Dios mismo, nuestro amor transforma también los dones que entregamos a nuestros hermanos en comunión y fraternidad íntima con ellos.

4. A Cáritas diocesana, a las demás Cáritas parroquiales e interparroquiales, a los cientos de voluntarios que hacen posible la
caridad organizada en esta Iglesia, a tantas personas e instituciones, a veces anónimas que hacen posible el milagro de la multiplicación de los panes y peces en este nuevo Cafarnaúm, gracias en el Nombre del Señor. Sólo conociendo a Cáritas “por dentro” se entiende ese milagro constante de amor.

Con mi saludo agradecido en el Señor:
 Ramón del Hoyo López
Obispo de
Jaén

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