Usar puntuación: / 0
MaloBueno 

Fiesta de la Sagrada Familia

Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua, y cuando tuvo doce años subieron a la fiesta como era costumbre. Pasados aquellos días, al regresar, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo advirtieran. Pensando que iba en la caravana, anduvieron una jornada buscándole entre sus parientes y conocidos, pero al no encontrarlo regresaron a Jerusalén en su busca. Al cabo de tres días lo encontraron en el Templo sentado en medio de los doctores, escuchándoles y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían estaban asombrados de su sabiduría y de sus respuestas. Al verlo se maravillaron y su Madre le dijo: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira cómo tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando”. Y Él les dijo: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”. Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y les estaba sujeto. Su Madre conservaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres. (Lc 2,41-52).

Al escuchar este texto yo me pregunto: ¿qué es lo que me quiere decir hoy Jesús? ¿Qué lecciones tengo que aprender al considerar a tu familia, al ver cómo vivías con tu madre, María, y con tu padre, José? Dímelo, Jesús, ¿qué me quieres decir? Siento que me dices tantas cosas… y me las dices al corazón. Hoy me hablas de la palabra “familia”. Parece que quieres que viva mi familia, el ambiente donde vivo, el ambiente donde estoy de una manera igual que tu familia, tu familia de Nazaret.
Y me llevas a tu casa, a Nazaret, a tu hogar. Y allí, ¿qué es lo que veo, Jesús? Veo una familia unida, donde reina la paz, el silencio, el trabajo. Jesús, cuando considero y veo cómo vivís los tres —María, José… contigo—, cuando contemplo esta familia, me lleno de asombro, me impacta verla, observarla, sentirla. ¿Cómo Tú, Jesús, sabiendo quién eres, obedeces a María y a José, tus padres? ¿Cómo te humillas tanto? Ya sé, para enseñarme también la gran lección de la humildad, la lección de la pobreza —interior y exterior—, de estar en una familia tranquila, pobre, escondida, llevando el trabajo ordinario con mucho amor. Me llevas hoy a pensar mucho para que quite todos estos afanes que tengo: a veces ese afán de sobresalir, de ser tenida en mucho… y en más. Me llevas también a pensar que valore mi familia, que valore mi casa, a los míos, con quien estoy. Que aprenda de ti a rezar, a escuchar, a trabajar, a servir.
¡Qué grandes lecciones me das hoy, Jesús! Y contigo, pienso… Y pienso en esa casita y veo, Jesús, otra muestra para que yo la capte, otra gran lección también: la obediencia. Y pienso: ¿quién obedece? Tú, que eres el Hijo de Dios. ¿Y a quién obedeces? A dos criaturas, a María y a José, unas simples personas. ¿Y en qué obedeces? En todo, en lo más humilde. Jesús, dame que aprenda hoy esta gran lección, que quite mis rebeldías, mis formas de pensar, mis juicios, mis motivos para no seguirte. Quita en mí todo esto. Me pregunto y me preguntas Tú también: ¿te conozco yo?, ¿obedezco a las insinuaciones que Tú me pides? Y cuando dude, Jesús, me iré a tu casita, a la casita de Nazaret, y allí, en silencio, aprenderé las grandes lecciones del amor.
Y observándote veo cómo trabajas de una forma sencilla, de una forma ordinaria, pero bien; de una forma normal, con responsabilidad, con amor, con cariño, con orden, con perfección. Mi trabajo es así. Muchas veces lo hago deprisa, en la rutina, no me doy cuenta de que lo tengo que hacer nuevo, distinto, que lo tengo que hacer como Tú, con alegría, con cariño, con responsabilidad, con perfección. Necesito ir a tu casita, a la casita de Nazaret. Jesús, que hoy aprenda todo lo que tengo que aprender en esta vida de familia.
Pero hoy, Jesús, también te pido por estas familias, tantos hogares unidos y tantos hogares desunidos. Ayúdales, para que aprendan de ti el valor de vivir en familia como la familia de Nazaret. Que aprendan a llenarse de unión, de alegría, de fuerza, de comprensión, de dulzura, de misericordia, de bondad. Jesús, tanto tengo que aprender… ¿Y la lección del silencio, de elevar todo a tu Padre, de cumplir todas las normas con amor? Este es el hogar de Nazaret y este tiene que ser hoy, Jesús, mi gran compromiso y mi gran oración. ¡Reina en mí! ¡Reina en mi familia! Que reine la paz, la unión, la contemplación...
Pienso contigo, Jesús: ¿trabajo?, ¿trabajo por cumplir lo que veo en tu casa?, ¿trabajo por acoger, por servir? Jesús, hoy te pido que reine la paz y la alegría en todas las familias, que sepa tener unidad en los gozos y en las tristezas, en las penas, en las dificultades; que sepa reconocerte en cada miembro de las personas que convivimos juntos. Te pido por tantos hogares separados que llenan de tristeza tu corazón… tantos rincones sin amor. Te pido para que sepa llevar una vida oculta, obediente, dócil, llena de vocación, de ardor hacia ti y hacia las personas que me rodean, que aprenda a acoger todo lo que Tú me insinúas en las personas con las que convivo. ¡Ayúdame, Jesús! Ayúdame y ayuda a tantas familias que necesitan de ti. Que aprendamos los grandes valores de la casa de Nazaret.
Y sigo preguntándome contigo —y Tú, Jesús, también me preguntas—: ¿cómo vives tu convivencia? ¿Cómo vives tu amistad, tu familia? ¿Qué siembras tú en ella? ¿Cómo te comportas? Tendrás que aprender tanto de mí y de esta casita…
Me voy otra vez al hogar de Nazaret y allí, en silencio, observo, sirvo, trabajo como uno más, y trabajo en todo lo que mueve la casa, para aprender de ti una y mil veces los grandes valores y la gran lección del amor de la familia de Nazaret. Este es el gran reto de esta oración y hoy te lo pido de todo corazón. Jesús, María y José, ayudadme a acoger todo lo que ocurra en el hogar con una sonrisa. María, que aprenda a trabajar como tú. José, que aprenda a obedecer, a amar, a estar en silencio, a disfrutar, a ser feliz en la vocación de mi familia, en la vocación que Tú me has dado en mi casa. Que sepa ser agradecida. Que sepa aprender los grandes valores de Nazaret. Pienso, me quedo en silencio, observo y una y muchas veces me pregunto: ¿qué lecciones veo?, ¿qué aprendo de ahí? Termino mi oración agradeciendo las grandes lecciones que hoy me das en la casa de Nazaret.
Esta es la gran familia de Nazaret.
Que así sea.

Agregue su comentario

Tu Nombre:
Asunto:
Comentario:
  Imagen, conteniendo la palabra secreta
Palabra Secreta: