domund2013El 20 de octubre, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de las Misiones, una de las que mejor refleja su universalidad, cuando en todas las iglesias del mundo se reza por aquellos que siguen llevando el calor del Evangelio a todos los rincones del planeta y, a la vez, se pide por su sostenimiento económico.
Conocido desde hace décadas en España como el Domund, su celebración goza de un gran reconocimiento popular. La finalidad de la cuestación que se hace esa jornada fue siempre muy bien comprendida y atendida con generosidad, hasta el punto de que la colecta en nuestro país es de las más importantes.
Y ese espíritu sigue hoy muy vivo, como lo resume el lema de este año: Fe+Caridad=Misión. Pero, en la línea de lo que pide el papa Francisco, Obras Misionales Pontificias-España quiere invitar este año a la reflexión para profundizar en que todos estamos invitados a la misión, y lo estamos desde el mismo momento del bautismo. Por eso, la campaña se ha complementado con una frase, destinada a las redes sociales, #YosoyDomund, con la que se pretende hacer caer en la cuenta de que la misión está ya dentro de cada uno.


Como señala el Papa en el mensaje para esta jornada: “La misionariedad no es solo una cuestión de territorios geográficos, sino de pueblos, de culturas e individuos independientes, precisamente porque los ‘límites’ de la fe no solo atraviesan lugares y tradiciones humanas, sino el corazón de cada hombre y mujer. El Concilio Vaticano II destacó de manera especial cómo la tarea misionera, la tarea de ampliar los límites de la fe, es un compromiso de todo bautizado y de todas las comunidades cristianas”.

En este sentido, esto supone un examen a la vitalidad de las comunidades. Como también recoge el mensaje, citando a Benedicto XVI, “el impulso misionero es una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial”. En España, a tenor de las cifras de misioneros, ese impulso ha sido generoso, profundo, una de las señas de identidad en la historia de una Iglesia que ensanchó también ella durante siglos las fronteras de la evangelización.
Pero esa madurez, preclara en las instituciones religiosas consagradas a esa dimensión, no lo es tanto a otros niveles. Es indudable entre los fieles esa clara conciencia de colaborar materialmente, pero ahora, a lo que se exhorta, es a ir más lejos, a pasar de la entrega económica a la espiritual, esa que nace de la donación, de compartir un mensaje, de vivir unas señas de identidad.
A esto, que es a lo que Francisco ha invitado otras veces cuando habla de la misión paradigmática (ahí está Aparecida), de poner en clave misionera la actividad habitual de las Iglesias particulares, es a lo que se llama ahora. Se trata de tomar más conciencia de que no debemos vivir como “cristianos barnizados”, sino de permear el comportamiento diario dando “testimonio de Cristo” ante un prójimo que no tiene que estar en otras latitudes. Es una urgencia que ha de estar, como pide el Papa, en los programas pastorales y formativos.

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