Doscientas mil personas asistían a la misa, a los que Francisco preguntó que «¿cómo va la alegría en tu casa?» 
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El Papa, celebrando la misa con la peregrinación mundial de familias en Roma
Poniendo ante los asistentes el ejemplo de San Pablo, “que conservó su fe porque no se limitaba a defenderla, sino que la anunciaba, la irradiaba, la llevaba lejos”, el Papa invitó a las familias del mundo a ser “familias misioneras en la vida de cada día, haciendo las cosas de cada día con la sal y la levadura de la fe”.


El Papa invitó a cada familia a difundir la fe como San Pablo
Doscientas mil personas asistían a la misa, mientras decenas de millones la seguían a través de televisión e Internet en todo el mundo justo cuando el número de seguidores del Papa en Twitter superaba el listón de 10 millones. Los fieles y peregrinos venidos a la peregrinación mundial de las familias ocupaban toda la plaza de San Pedro y la larguísima Vía de la Conciliación, donde podían seguir la misa a través de pantallas gigantes.
En su homilía, el Papa invitó a cada familia a difundir la fe como San Pablo, “que se opuso con decisión a quienes querían conservar, ‘embalsamar’, el mensaje de Cristo dentro de los límites de Palestina. Por eso se fue a territorios hostiles y hablaba sin miedo. Conservó la fe porque la había dado, lanzándose a las periferias, sin enrocarse en posiciones defensivas”.
«Rezar con sencillez»
La invitación a las familias recoge el programa del pontificado: conservar la fe a base de difundirla, apoyándose en la plegaria, que fue el primer consejo a las familias. Francisco les insistió en “rezar con sencillez, sin muchas palabras”, como el publicano del Evangelio y no con la altivez del fariseo “que juzga a los demás desde lo alto de su pedestal”.
«¿Cómo va la alegría en tu casa? ¿Cómo va la alegría en tu familia?»
El Papa les dijo que la tercera característica de la familia cristiana es la alegría, sabiendo que “este sentimiento de alegría profunda se apoya en la presencia de Dios en la familia, en su amor acogedor y misericordioso”.
Como desafío, el Santo Padre invito a los doscientos mil peregrinos de todas las edades y países a preguntarse: “¿Cómo va la alegría en tu casa? ¿Cómo va la alegría en tu familia?”. La respuesta, agradecida y sentida, fue un aplauso atronador.
Al margen del texto que había preparado, el Papa insistió en que el amor en la familia “debe ser un amor paciente, pues la paciencia es una de las virtudes de Dios. Tened un amor paciente el uno por el otro”. Así habrá alegría, y la fe se comunicará de manera espontánea, como en la Familia de Nazaret, a la que el Papa dirigió una hermosa plegaria poética al concluir la misa.

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