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Soledad Suárez: "Nuestra solidaridad ha de ser global, nuestra crisis no puede servirnos de excusa"

Los ingresos provisionales ascendieron a 44,2 millones de euros, de los que el 90% (38) correspondieron al sector privado, y apenas 4,5 del sector público
Soledad Suárez, Óscar Bazoberry y Covadnga Orejas, en la presentación de la campaña de Manos Unidas 01
"Vivimos en un mundo que tiene que cambiar mucho, muchísimo. Habría que sacudirlo en el aire agarrándolo entre todos, cada uno como buenamente pueda, y agitarlo hasta vaciarlo de todas sus injusticias", clamó la presidenta de Manos Unidas, Soledad Suárez, durante la presentación de la LV Campaña contra el Hambre de esta ONGD de la Iglesia, que lleva por lema "Un mundo nuevo, proyecto común", y que celebra este domingo. El viernes anterior, un ayuno voluntario para recordar y ponerse en la piel, de los excluidos, los que nada tienen. Aquellos de los que se ocupan los hombres y mujeres que forman parte de Manos Unidas.
"¿De qué mundo son esos ciudadanos, excluidos por un sistema en el que priman los intereses de unos pocos frente al bien común? ¿De qué mundo son esos millones de seres humanos, a los que el Papa Francisco ha llegado a denunciar que consideramos como ‘desechos', ‘sobrantes'...?", se preguntó Soledad. La respuesta, tristemente, "siempre es la misma: son de un mundo que, desde luego, no tiene nada que ver con el nuestro". Pese a que nosotros vivamos también una crisis. "Nuestras privaciones -señaló- afortunadamente no son comparables a las que padecen millones de personas a los que apoya Manos Unidas con sus proyectos".
 
La presidenta de Manos Unidas presentó los resultados económicos de la ONGD correspondientes a 2013. Los ingresos provisionales ascendieron a 44,2 millones de euros, de los que el 90% (38) correspondieron al sector privado, y apenas 4,5 del sector público. Las ayudas han vuelto a caer, por cuarto año consecutivo. "Nosotros también estamos notando la crisis, aunque dicen que empieza a abandonarnos", subrayó, denunciando cómo "sigue disminuyendo la Ayuda al Desarrollo en España". Este año sólo va a ser del 0,17% de la Renta Nacional Bruta, como hace veinte años. La disminución en ayuda pública ha alcanzado el 40%.


"Nuestra solidaridad ha de ser global, estar dirigida a todos, sin distinción de ámbito geográfico: nuestra crisis no puede servirnos de excusa" se lamentó Soledad Suárez. Pese a todo, son muchos los que continúan aportando a la gran familia de Manos Unidas, que en 2013 destinó cerca de 35,7 millones de euros (un 85% de sus gastos), a financiar 600 proyectos en África, Asia y América. Todo un trabajo para paliar el hambre y la pobreza, que afecta a más de mil millones de personas, una quinta parte de la población mundial. "Ayudarles a salir de la pobreza, con los medios que ellos ponen", matizó.
Cambiar el mundo, la única solución, cumplir el octavo objetivo de los Desarrollos del Milenio: "Fomentar una Alianza Mundial para el Desarrollo". De ahí el lema de esta campaña, "Un mundo nuevo, proyecto común". Dicho objetivo, subrayó la presidenta de Manos Unidas, "es esencial para lograr el cumplimiento del resto de objetivos para erradicar la pobreza y el hambre para 2015". Aunque "sabemos que no se van a cumplir, sin ese plan de desarrollo las cosas estarían mucho peor".
Las ONG católicas, agrupadas en torno a CIDSE, ya están trabajando en la agenda post 2015, "evaluando los fallos y los aciertos" del trabajo llevado a cabo hasta la fecha. "En esa alianza común, en ese proyecto debemos participar todos: gobiernos de aquí y de allí, instituciones, empresas... y sobre todo, las personas. Porque, como nos pide Francisco, toda actividad se ha de distinguir por una actitud de servicios a las personas, especialmente a las más lejanas y desconocidas".
"Tu indiferencia te hace cómplice". Estas palabras, que ya decía Manos Unidas hace 20 años, son las mismas que utiliza hoy el Papa Francisco. "Por eso os pido, en nombre de Manos Unidas y en el de quienes sufren las lacras del hambre y de la pobreza, ayuda para que sigáis apoyándonos cuando pedimos a la sociedad que despierte, que se quite esa máscara que anestesia y que se movilice para unirse a ese proyecto común de crear un mundo nuevo".
Junto a la presidencia, comparecieron en la presentación de la Campaña contra el Hambre dos misioneros: Óscar Bazoberry, de Bolivia; y Covadonga Orejas, misionera carmelita vedruna, en Tongo y Gabón.
Bazoberry contó su experiencia en proyectos de desarrollo rural en La Paz. "Estos proyectos cambian la vida de jóvenes, mujeres, niños... en todos los ámbitos". "El Sur va para adelante, y muchas de sus características ya las tiene el Norte", incidió. "Vamos por buen camino", subrayó, aunque este progreso "va generando más necesidades y más intervenciones en los recursos naturales".
"Esta forma de crecimiento no es sostenible", denunció Bazoberry. "Sin duda es un crecimiento con pies de barro". El experto se mostró preocupado por la "universalización de los beneficios (no llegan a todos, llegan a los de siempre) y los riesgos para el sector campesino indígena". En Sudamérica, de los 400 millones de habitantes, 70 lo hacen en el área rural. Sin embargo, la mitad de la tierra "y con ella los recursos naturales, están en manos de los indígenas".
"Tenemos una gran oportunidad para debatir de qué manera podemos evitar la coincidencia entre la conservación de los recursos naturales y la pobreza en el uso de los recursos económicos", añadió Óscar Bazoberry.
Por su parte, Covadonga Orejas habló de su experiencia con niños y niñas en Togo y Gabón, con actividades de prevención de abusos sexuales y educación. También, contra el tráfico de menores, "dando protección a los niños de la calle, que en prisión podrían permanecer meses sin ser juzgados, si no años". La aporación de Manos Unidas "marca la diferencia". "Nunca podríamos hacer nada solos, sino con el esfuerzo de cada uno".
"Acompañamos vidas rotas que es preciso recomponer", subrayó la religiosa, quien mostró cómo "es posible que puedan revivir con esperanza". En este camino "es muy importante la denuncia, y trabajar en común con los gobiernos, asociaciones, religiones y tradiciones", así como exigir "una cooperación justa, buscar verdadera información sobre lo que pasa". Una alianza "desde dentro, que sale del corazón, y sólo así sabremos construir juntos".

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