papamatrimoniosNunca terminar el día en que hayan discutido entre ambos sin hacer las paces 
"Permiso, gracias y perdón. ¡Esas son las tres palabras mágicas para un buen matrimonio!". Francisco volvió a referirse, durante la multitudinaria audiencia de hoy, a la belleza del matrimonio, "un icono del amor de Dios para nosotros".
"El matrimonio es una consagración", subrayó Bergoglio, quien insistió -como ya hiciera en el encuentro con novios del pasado 14 de abril- en la necesidad de "hacer las paces" antes de que acabe la jornada. "Para hacer las paces no es necesario llamar a Naciones Unidas, es suficiente una caricia, una sonrisa... y mañana se empieza otra vez. Así es la vida: seguir adelante con el coraje de vivirla juntos".
Tras el ya tradicional paseo en jeep por la plaza de San Pedro, Francisco subrayo que el matrimonio "es un sacramento que nos conduce al corazón de Dios, que diseña una alianza, una comunión con su pueblo, con todos nosotros".
El Papa recordó cómo el Génesis afirma que Dios creó el hombre a su imagen, hombre y mujer los creó. Por esto, el hombre dejará a su padre y su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una única carne.
 
"La imagen de Dios es la copia matrimonial". El hombre y la mujer, los dos. No tanto el hombre, ni la mujer. Los dos. ¡Esta es la imagen de Dios! El amor de Dios con nosotros está representado por la alianza entre el hombre y la mujer. Esto es muy bello", señaló el Pontífice.
"Estamos creados para amar, como reflejo de Dios y su amor. En la unión conyugal el hombre y la mujer realizan su vocación en el signo de la reciprocidad y la comunión de vida plena y definitiva", añadió Francisco, quien recalcó cómo "el matrimonio es el icono del amor de Dios para nosotros".
"El amor de Dios que se representa en el matrimonio, que la pareja que decide vivir juntos, y por esto el hombre deja su casa, y va a vivir con su mujer, y se une tan fuertemente a ella que forman una sola carne. No son dos, son uno", recordó con pasión Francisco, que volvió a dejar los papeles para improvisar y afirmar que "el matrimonio responde a una vocación específica, y debe ser considerado como una consagración. El matrimonio es una consagración".
Una unión en la que "el hombre y la mujer son consagrados por su amor. Los esposos, por la fuerza del sacramento, están investido de una verdadera y propia misión, a partir de las cosas simples y ordinarias, continuando a dar la vida por los demás".
Un "diseño estupendo" pese a las dificultades. "Hay tantas dificultades: el trabajo, que el suelo no basta, que los niños tienen problemas... A veces, el marido o la mujer se ponen nerviosos y se pelean, ¿o no? Siempre hay litigios en el matrimonio".
"Aunque a veces vuelan los platos... sí, no os riáis, es la verdad... No debemos estar tristes por esto. La condición humana es así. Pero el secreto es que el amor es más fuerte en el momento en el que se pelea. Por esto yo les digo a los esposo: no acabéis el día en que hayáis peleado sin hacer las paces, siempre".
Porque "para hacer hacer la paz no es necesario llamar a Naciones Unidas, es suficiente una caricia, una sonrisa... y mañana se empieza otra vez. Así es la vida: seguir adelante con el coraje de vivirla juntos".
"Es una cosa bellísima la vida matrimonial. Debemos protegerla siempre", concluyó el Papa, quien volvió a recordar la receta para el éxito matrimonial: "Son tres palabras, que no sé si recordáis: que debemos decir siempre en la casa: permiso, gracias y perdón".
"Las tres palabras mágicas: permiso, para no ser invasor en la vida del otro; gracias, agradecer al cónyuge, la belleza de dar las gracias; y la otra palabra es difícil, pero hay que decirla: perdóname
Repitamos todos: Permiso, gracias, lo siento. Con estas tres palabras, con la oración de uno por la otra, y haciendo las paces siempre, el matrimonio andará hacia adelante".
 
Saludos del Papa:
Queridos hermanos y hermanas:
La catequesis de hoy está centrada en el matrimonio. Este sacramento nos introduce en el designio de Dios, que creó al hombre a su imagen, capaz de amar; "hombre y mujer los creó". 
(Palabras improvisadas)
En segundo lugar, el Sacramento les confiere una misión: manifestar en las cosas simples y cotidianas el amor de Cristo a su Iglesia, entregándose en la fidelidad y el servicio. (Palabras improvisadas)
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Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, Ecuador, Argentina, México y otros países latinoamericanos. Invito a todos a dar gracias a Dios por tantas familias que animan nuestras comunidades cristinas, ofreciendo un hermoso testimonio de fe. Recemos también por los matrimonios en dificultad, para que el Señor les regale abundantemente su misericordia y los sostenga en medio de las pruebas. Muchas gracias.

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